Etiquetas

, , , , , ,

Perdonen que no salte de alegría ni estire los brazos hasta el infinito al leer los datos de la Comisión Europea respecto a los logros de la prohibición del tabaco en los lugares públicos. No es que no me crea que los fumadores pasivos estén menos expuestos a los malos humos y otros éxitos de la medida en cuestión….Es que tengo la sensación de que las estadísticas hablan de una realidad diferente a la mía.

Desconozco si ocurre en todas las ciudades de España, pero desde luego, en Madrid, que es donde yo vivo, es casi imposible encontrar un restaurante, bar o tomacopas, por minúsculo que sea, en el que no se haya habilitado un espacio, casi siempre ilegal, para fumar. Es más, en casi todos los locales se inventan estrategias extraordinarias: que si unos gruesos cortinones de plástico, que si mil y una estufas de gas y alguna mantita de pelo, que si algunas rendijas absurdas que pretenden justificar que el lugar no está cerrado… Se fuma en todas partes. Incluso, hay numerosísimos establecimientos en los que llegada la «hora bruja», que más que con la medianoche suele coincidir con la del café, se corren los visillos, se baja la luz y se deja fumar a la manera de antaño. Alguno que igual se escandaliza con esta circunstancia debería revisar ese modelo de prohibición tan absurdo, según el cual no se puede fumar, pero sí se permite vender tabaco. Es tal la hipocresía y tanta la doble moral que será difícil que se cumpla la norma establecida y se acabe con los malos humos. Siempre habrá alguien que diga «¿Que no quieren que se fume? Pues que no vendan».

La Razón

Anuncios