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“La mujer de Urdangarin no sabía lo que hacía su marido, la de Bárcenas tampoco, ni la de Sepúlveda, ni la de Julián Muñoz… ¿Acaso soy yo el único imbécil del que su mujer conoce cada paso que da?”. Este chiste corrió como la pólvora hace unas semanas por las redes sociales y se deslizó por todas las conversaciones de las sobremesas. Quién más y quien menos señalaba el ‘rostro’ que tenían todas esas mujeres que aseguraban vivir en la inopia. Sin embargo, yo creo que existen diversas clases de esposas: las que lo saben todo… ¡Y las que creen que lo saben todo y, en realidad, no saben nada! Es cierto que si un marido aparece en casa con un Ferrari, por ejemplo, lo normal sería un gesto de extrañeza; pero hay que recordar que el amor es capaz de conseguir que las mentiras más inverosímiles, explicadas por el ser amado, parezcan verdades de Perogrullo: “Pero cariño, como iba a ser yo al que vieron en Valladolid con tu amiga Pilar, vestido de verde, ¡cuando sabes que detesto el verde…!”. Por otra parte, son muchas las relaciones actuales que continúan bebiendo del machismo y en las que las mujeres, no se atreven ni a preguntar, porque ellos las tienen bien convencidas de su falta de conocimiento e incluso de su incapacidad. (“¿Pero para qué preguntas, si no sabes nada? Anda, firma y calla”). Es un tipo de maltrato psicológico, que se sufre en diversos grados, en más casas de las que se piensa, independiente de la posición social y la formación de las mujeres que lo padecen. Está claro que, por fortuna, también existen ya muchas mujeres compañeras y amigas, cómplices de sus maridos o parejas en la cotidianeidad, a las que ellos consideran tanto como para compartir cada paso, y para disfrutar de sus opiniones y consejos. ¿Quién no ha vivido, leído o escuchado la historia de ese hombre perfecto, gran padre y mejor marido, a quien al morir se le descubrió otra familia en el rincón más recóndito del planeta? Tal vez las mujeres de esos ‘fenómenos’ que esquilmaron España lo supieran todo. O puede que ellos les contaran otra cosa y ellas, por amor, por falta de consideración personal, por autoestima exagerada o sencillamente por confianza, no se enterasen de nada. Es una posibilidad ¿O acaso todas sabemos, exactamente, lo que pasa en nuestras casas? ¿Cómo para poner la mano en el fuego? Pues eso.

Grazia

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