Etiquetas

, , , , , , ,

Dice el refrán que “a perro flaco, todo son pulgas” y,  sin que nadie se moleste por la comparación, diré que eso es lo que parece que le pasa a la Casa Real. Probablemente si hace unos años se hubiera sabido de la herencia de Don Juan a sus hijos ni siquiera se hubiese contado. Y de contarse, se aceptaría de otra manera. En estos días convulsos, aunque el asunto esté, como dice el PP, prescrito y no venga al caso, lo cierto es que empeora la credibilidad de la Corona, tiznada por los urdangarines, las corinas y hasta, si me apuran por los elefantes.

Todo el mundo parece querer apuntarse a ese querer lapidar a la monarquía, desde el “sagaz” Andrew Morton, que anunció un libro audaz que ha resultado ridículo y de fuentes más bien poco contrastadas, hasta los cronistas de la vida diaria, que se empeñan en analizar hasta el último resquicio de sentimiento de reyes, príncipes e infantas. Es cierto que la Familia Real, por su condición de serlo, está obligada a compartir buena parte de su vida con la de sus súbditos, pero no toda, desde luego; ni creo yo tampoco que a los súbditos les convenga analizarla al milímetro. Sobre todo, porque no hay rey ni plebeyo que lo aguante.Yo no es que sea muy monárquica. Es más, se de sobra que la Monarquía es una institución anacrónica; pero es cierto que tengo la imagen de la nuestra en la retina desde la niñez, como tantos españoles, y le tengo cierta simpatía. Creo que el rey, más allá de las turbiedades “corinescas” del presente, fue uno de los principales artífices de la paz en la transición española y agradezco que su figura, como la del resto de la Familia Real, esté presente en algunas negociaciones internacionales, más allá de la de los políticos. Porque a los políticos los elegimos cada cuatro años y la realeza nos viene impuesta, pero ¿preferiríamos de Jefe de Estado a alguno de nuestros políticos actuales, antes que al rey? Naturalmente, no me ha parecido bien lo de la herencia del Rey en Suiza. Y prefiero convencerme de que pagó lo que debía en su momento y que todo lo que se hizo fue legal. Pero me preocupa más que se esclarezca lo de Urdangarín y si hay delito, se condene, a ese pasado ya casi remoto, de una herencia no tan exagerada para un Rey, que nos exaspera un poco más, porque nos han hablado de ella en pesetas y porque, los que vivimos, son tiempos de vacas flacas para todos y para algunos, como decía, hasta de pulgas.

La Gaceta de Salamanca

Anuncios