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No quiero saber las veces que ha cambiado de versión Miguel Carcaño sobre lo que ocurrió el 24 de enero de 2009. Lo que sí sé es que la joven sevillana Marta del Castillo parece haber muerto muchas veces. Y con ella, todos nosotros, que formamos parte de una sociedad impotente, víctima en este caso de unos cuantos jóvenes sin escrúpulos, con capacidad para manipularnos a todos.

Pero más allá de esa broma pesada de humor negro de unos cuantos chavales sin alma, que engañan con malévolo desparpajo, está todo ese dolor de los padres que ellos, en este largo proceso, han respirado y que no parece importarles.

No sé si fue el hermano mayor de Miguel Carcaño quien efectivamente mató a la chica; no sé si finalmente encontrarán su cuerpo en esa «rinconada» de la que ahora hablan; sólo sé que muy poco da de sí nuestra Justicia, que no es capaz de meter en la cárcel a todos cuantos, en realidad, la mataron un poco.

Quizás nunca sepamos realmente quién asestó el golpe mortal. Pero sí sabemos que todos los que parecían implicados desde el principio la mataron de alguna manera. Como también mataron a su familia.

Hay muchas maneras de matar y ellos las han utilizado todas. Matar con sangre, matar con dolor, matar con incertidumbre, matar con desfachatez y desvergüenza. Es probable que el juicio se repita, pero no sé si lo es que el cuerpo de Marta aparezca.

Si todo esto sirve para que realmente cuantos tuvieron algo que ver en el crimen acaben tras los barrotes, bienvenido sea; si sólo se va a revivir una vez más cuanto pasó, para ahondar en la herida de una familia que ya no puede más, será una total indecencia.

La Razón

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