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¿Hasta dónde hay que llegar para tratar de encontrar los huesos de Marta del Castillo? Y sobre todo ¿hasta cuando se deben soportar las mentiras recurrentes de sus asesinos sin que supongan un incremento de sus penas?

Más allá del patinazo de RTVE respecto al supuesto hallazgo de restos óseos en “La Rinconada”, el último destino en el que habría ubicado el cadáver de Marta,  Miguel Carcaño, parece que allí tampoco hay nada. La pregunta clave en todo este asunto es, por qué tantos embustes después, la Policía sigue prestando atención a la declaración del hasta ahora único condenado, cuando se ha comprobado que, hasta el momento, todo lo que ha dicho respecto al paradero de los restos de la fallecida era radicalmente falso. Aunque la familia esté, lógicamente, deseando que se encuentre en algún momento el cuerpo de la chica desaparecida hace ya cuatro años, para poner fin a la que a todas luces parece una tragedia interminable, lo cierto es que debe ser no sólo doloroso sino casi insoportable para todos ellos, tener que volver a revivir una vez más los escabrosos hechos que rodearon al crimen de Marta. Tanto los padres como todos los ciudadanos de bien nos quedamos perplejos cuando supimos que los presuntos cómplices de Carcaño iban a quedar en libertad y que éste iba a cargar con todas las culpas; e incluso celebramos el hecho de que una nueva declaración del único condenado incriminara de manera real a otro de los sospechosos, más que nada porque ni a la familia de Marta del Castillo ni a ninguno de nosotros se nos escapa que este terrible asesinato no pudo cometerlo solo Carcaño; sin embargo, somos muchos los que, además de incrédulos, estamos hartos de que estos niñatos con las manos manchadas de sangre se permitan el lujo de jugar con las incertidumbres de todos, que duelen tanto como la propia muerte y que le cuestan al Estado lo que ellos jamás pagarán, ni en dinero ni en años de prisión. Los gastos queman por la vergüenza, aunque no tanto como las esperanzas que se concretan y luego acaban por quebrarse como si fueran huesos rotos. Ojalá se termine por saber todo lo que aún no se ha sabido; aunque una tiene la impresión de que eso jamás llegará a suceder y de que la propia Marta del Castillo debe de pensar allá donde esté “No me busquéis más. Dejadme descansar en paz”

La Gaceta de Salamanca

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