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Ser princesa no debe ser nada sencillo y menos en momentos delicados de la propia monarquía, pero yo, que no soy especialmente “letizista”, creo que la princesa de Asturias lo hace bastante bien. Es cierto que a veces parece tensa e incluso estirada…, pero también lo es que, cercana o distante, le llueven críticas y halagos por igual.  A mí, que lo único que me preocupa en su caso,  como en el resto de la Familia Real, es que puedan extender su influencia a asuntos distintos a los que son de su competencia, me parece que ella parece saber dónde está el límite de las cosas. De momento, que sepamos, no ha utilizado su condición ni su “cargo”, para favorecer o perjudicar a nadie y sólo se ha dedicado a ofrecer una imagen impecable de los suyos, dentro y fuera de España. Y eso que nuestra princesa es una mujer con criterio que, sospecho, se tendrá que morder la lengua para no opinar, más de una vez. En el VIII Seminario “El lenguaje de la crisis” vio la oportunidad y se lanzó. Y a mi entender, acertadamente. Con gesto impecable y voz modulada, doña Letizia dijo lo que tantos de sus súbditos piensan: que el lenguaje que se está utilizando en estos días pretende disfrazar las situaciones. Eufemismo periodístico al servicio de los políticos. Una falta imperdonable en tiempos difíciles, cuando el periodismo debe ser especialmente claro y comprensible y no envolver los discursos tantas veces vacíos de los políticos, más pendientes de justificar sus gestiones, que de la efectividad de las mismas. La princesa Letizia, cuya alma de periodista pervive bajo sus diademas de piedras preciosas, no pudo evitar, cuando le ofrecieron hablar, decir, sencillamente, la verdad. Y es curioso, porque la respuesta de varios medios de comunicación ha sido que su discurso estaba cargado de contenido político e incluso alejado de lo que corresponde a la esposa del heredero de la corona española. ¿Contenido político? Bueno, tal vez señalar que en política se dicen las cosas a medias y que el periodismo en vez de aclararlas, en ocasiones, las empañan más, tiene algo de político…Pero por donde ya no paso, de ninguna manera, es porque no sea discurso para la esposa del heredero. ¿Qué queremos, una figura de cera que sonría y alce la mano para saludar? Ella midió el contenido de su discurso, y en las palabras justas dijo lo que quería decir. Y todos la entendimos.

La Razón

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