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No quiero indagar, ni saber. Me sobran las investigaciones  y el llegar al “fondo de la cuestión”. En la superficie, aquí mismo, es donde flotan el dolor, la impotencia y la rabia. Rebelarse no vale ya de nada. El destino ha jugado su carta y ya está. Esto es así. Para los creyentes y para los que no lo son. Para los que vivieron toda una vida y para los que les quedaba una casi entera por vivir. Cuando la muerte lo decide, lo demás da igual, la vida se desvanece y sólo deja el recuerdo de quien vivió. El marido de Raquel Sánchez Silva ha muerto. Lo tenía todo. Salud, trabajo y sobre todo una historia de amor deliciosa que seguimos de lejos y de cerca amigos, conocidos e incluso el público devoto de una periodista admirada y querida por todos. El horror de la muerte de una persona de treinta y cinco años a quien parecían esperarle, al menos, otros treinta y cinco de felicidad, conducen a una curiosidad a veces morbosa. “¿Qué habrá pasado?” Se preguntan unos “¿Cómo ha podido ser?” dicen otros. Pero más allá de lo que haya sucedido, que probablemente la familia de Raquel querrá guardarse para sí, la reflexión lleva al Carpe Diem, al disfrutar de este día, de esta hora, de este segundo que ya se ha ido, casi a la velocidad que se nombra. La vida está llena de alegrías y de tristezas, pero hasta los instantes vacíos, en los que no ocurre nada digno de mencionar, existe la magia de existir, de estar aquí en este “valle de lágrimas”, en el que caben tantas risas y tantos buenos momentos. No puedo dejar de recordar las imágenes de Raquel y Mario el día de su boda de cuento en Sicilia, el brillo de sus ojos y de sus sonrisas…Cada brizna de ese tiempo, contenía la belleza del reloj que se para en la memoria y será inolvidable para ambos. Para ella aquí, pese a la pena. Para él, allá donde esté, pese a la muerte. Mario ya no está y Raquel deberá acostumbrarse. Su historia de amor y desolación por la pérdida, aunque especialmente trágica por sus especiales circunstancias de juventud, amor y matrimonio reciente, se repite a lo largo y ancho del planeta todos los días. La muerte se lleva al ser más querido de alguien a cada rato.  Descanse en paz, Mario Biondo y viva y vuelva a soñar, pese a no olvidar jamás a su amor, Raquel Sánchez Silva. Al menos ellos, durante un tiempo corto, vivieron lo que muchos no consiguen sentir jamás en toda una vida.

La Gaceta de Salamanca

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