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La Razón • Dice que tiene una novela guardada de cuando tenía quince años que «es lo peor». Nunca la leeremos porque, según cuenta Marta Robles, periodista y colaboradora de LA RAZÓN,«pese a que soy una escritora vocacional y toda la vida llevo haciéndolo, también le tengo mucho respeto». Todos los miedos se le quitaron con el encuentro de la marquesa Luisa Casati, tan extravagante como rica, tan infeliz en su juventud como excesiva en su madurez. «Luisa y los espejos» es su última novela, que juega con aquella Luisa y con otra, Luisa Aldazábal, igual de infeliz que su álter ego en el siglo XXI, una historia que se alzó con el Premio Fernando de Lara de Novela. Un consejo para los interesados: no se pierdan el final de la historia.

–Es una historia en la que se borran las fronteras entre la persona y el personaje.

-Existe una enorme influencia de Luisa Casati en Luisa Aldazábal porque les une algo fundamental: la necesidad de transformación de sus propias vidas. Es verdad que, tras conocer la historia de la marquesa, se mete en sus venas y casi la posee, pero sigue siendo ella misma, y, según va creciendo el libro, va creciendo el personaje y robando protagonismo a Casati, aunque ni ella misma se lo hubiera esperado.

-El de la marquesa es un personaje muy potente.

-Era una mujer que medía 1,82, enormemente tímida, que se casa por un matrimonio de conveniencia y muy convencional, hasta que se encuentra con Gabrielle D’Annunzio, que era un escritor increíble. Y entonces emerge otra personalidad que lucha contra la timidez y la convierte en pura extravagancia y tiene unos comportamientos absolutamente delirantes. Cambia su maquillaje, sus gustos, sus aficiones por los animales raros, el esoterismo… empieza a gastar dinero a manos llenas. En el caso del personaje del presente, estaba dormida en una vida feliz y se despierta del coma buscando vivir la vida que hubiese querido.

-Es muy poco conocida la historia de Casati, pero muy novelesca.

-Ella quería ser una obra de arte viviente, ser retratada mil veces, y su verdadero miedo era no pasar a la posteridad. Es curioso, pero la verdad es que se trata de una perfecta desconocida. Era un pedazo de tía alocada espectacular. Organizaba fiestas en las que ponía en la barandilla a un señor dando de comer todo el rato a un pavo real, para que éste mantuviese el plumaje desplegado.

-Hay una avalancha de referencias de personajes reales. ¿Realizó una investigación?

-No te imaginas lo que he recortado… Mi preocupación era que no quería caer en construir una biografía de Casati, sino una novela con ella como personaje. Y lo que hice fue seguir el orden cronológico de las biografías que cayeron en mis manos y que me parecieron más certeras, porque no todas cuentan igual su vida. Por eso, en el libro hay datos reales, pero sus relaciones sexuales o los excesos son recreados. El encanto consistía en conseguir llegar hasta lo que pensaba, sentía, reflexionaba, lo que hacía en sus momentos de estar con ella misma.

-¿Cree que para que la creación artística tenga intensidad hace falta tener una vida turbulenta?

-Hay dos tipos de escritores: los que deciden vivir la vida y los que se sientan a observarla. Sábato decía que hay que escribir de lo que se conoce, y es cierto, te ayuda haber pasado por los escenarios de lo que vas a escribir; pero ahí está Salgari, que no se movió del pueblo en que nació y murió a 30 kilómetros. Y yo viajé por las líneas de su literatura a todo el mundo y disfruté mucho de niña. No pienso que sea necesario escenificar y protagonizar la vida que vayas a escribir.

-Para imaginar la ambientación, ¿se basó en obras de arte o en artistas?

-Este libro es fruto de la contemplación de obras de arte y de artistas gracias a los cuales he creado a algún personaje. Pero no obras concretas, sino que los artistas estaban a mi lado soplándome.

-En la novela describe unas fiestas que hacen que las de ahora parezcan una broma…

-Bueno, es que estamos hablando de la heredera más rica de la Italia de su tiempo. Gastaba el dinero a manos llenas, pero creo que ahora también hay esas fiestas en otros sitios. Simplemente fíjate en Ibiza…

-Pero sin aristocracia.

-Bueno, no tenemos acceso a ellas. Lo que sí es verdad es que no hay tanta relación entre la aristocracia y el mundo del arte como en otros tiempos. Eso es diferente.

-El personaje del presente tiene una vocación artística muy fuerte.

-Conozco a algunos artistas y son personas distintas. Viven la vida de otra manera. Las pasiones con las que crean me provocan una inmensa envidia. Es una relación muy potente.

-En su caso, ¿escribir es más vocación o un trabajo?

-Es absolutamente vocacional. Llevo escribiendo toda mi vida porque es lo que me ha gustado siempre. Pero he sido muy cautelosa y respetuosa con la literatura, que ha significado tanto para mí, y por eso he ido paso a paso, madurando y aprendiendo y encontrando el momento. Lo que me hacía falta para superar ese pudor era encontrar esa historia digna de ser contada, y creo que este personaje lo es. Es una novela muy importante en mi vida porque es con la que me he atrevido a dar el salto.

La Razón

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