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Europa Press • La escritora y periodista presenta en Sevilla ‘Luisa y los espejos’, obra con la que consiguió el pasado mayo este prestigioso Premio.

Marta Robles ha presentado este miércoles en Sevilla la obra ‘Luisa y los espejos’, ganadora de la XVIII Edición del Premio Fernando Lara de Novela, un galardón que aparte de suponer “una gran satisfacción personal” para ella, supone “salir a la arena a luchar por mi libro y proponérselo a todos los lectores con un aval tan importante como el gran jurado de este prestigioso Premio”, destaca la periodista y escritora madrileña, que añade que “implica una protección y un espaldarazo a su carrera profesional”.

En ‘Luisa y los espejos’, noveno libro de Marta Robles, la escritora relata la historia de una mujer real –Luisa Casati–, que dedicó su vida al exceso, al arte y al placer, fue una gran mecenas y musa de los grandes artistas de la Belle Époque y terminó convertida en un mito. Y, como contrapunto, el relato de una mujer de carne y hueso –Luisa Aldazábal– y su afán de encontrarse a sí misma y ser fiel a sus pasiones y a su destino.

En una entrevista a Europa Press, la autora ha reconocido “no tener nada” de ninguna de estas dos mujeres, aunque ha afirmado que, si algo comparte con ellas, “es la pasión por vivir y esa pasión por el arte”. No obstante, “nunca he querido ser una obra de arte, como le sucedió a Luisa Casati y tampoco soy una artista como Luisa Aldazábal”.

Sobre el personaje de Luisa Casati, Robles afirma que al descubrirlo “la dejo en estado de shock”. En este sentido, explica que fue de manera “muy fortuita” tras el encargo de participar en un libro colectivo sobre la creación del mito de Don Juan, que quiso que se desarrollara en el Café Florián de la Plaza de San Marco en Venecia, porque “allí era al que Casanova llevaba a todas sus amantes, ya que fue el primer café italiano en el que dejaban entrar a las mujeres”, apunta.

“Ya tenía a los personajes masculinos –continúa– pero andaba buscando uno femenino, con lo que empecé a indagar por la historia de Venecia, me acerqué al Palacio Venier, actual sede del Museo Peggy Guggenheim, me fui para atrás en la historia y de pronto emergió esta mujer fascinante”.

Cuando se encontró con esta mujer “libre”, Robles afirma que “echó en falta que tuviera más presencia y se la conociera más” y también quiso inventarse “un poco” sus emociones y sus sensaciones, incluso “el desarrollo de su parcela amorosa y erótica con el escritor Gabriel D’Annunzio, basada en datos que había leído y eran reales, y toda esa parcela de exceso en las fiestas, en el amor, en las drogas”.

De este modo, Robles afirma que “su intención era resaltar datos relevantes de este personaje siguiendo una cronología, para que la gente lo pudiera conocer” y “luego rodearlo de magia y ficción para hacer una novela de verdad”. Así las cosas, la escritora confiesa que la manera “más bonita” de hacerlo era “contraponerlo con una historia de nuestros días protagonizada por una mujer que al final encuentra muchos puntos de conexión con Luisa Casati”.

Y para ello, la autora ha seguido una estructura de real-irreal, pasado-presente, que, reconoce, ha hecho “difícil” la escritura de ‘Luisa y los espejos’. “Lo fundamental al situarme como lectora era pensar que tenían que estar perfectamente hilvanados los dos tiempos y los dos personajes, para que no se quedaran uno en un lado y otro en el otro, sino todo lo contrario, para que el lector fuera recordando a uno mientras leyera al otro y tuviera ganas de retomar la otra historia”.

Europa Press

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