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De la mano de Fundación AXA y en el incomparable marco del Hotel Villamagna, se presentó en Madrid la novela ganadora del Premio Fernando Lara 2013 “Luisa y los espejos“, cuya autora, la polifacética periodista y escritora, Marta Robles, nos deleitó con un diálogo a caballo entre los años 20 y la vida real, interpretado a medias con su padrino de presentación, el filósofo, escritor y pedagogo José Antonio Marina.

Marta Robles, con una maestría consumada en el dominio de la escena debida a su dilatada carrera en los medios audiovisuales de nuestro país, donde nos ha mostrado durante años la cara más amable del glamour, reconoce que sus pasiones son la literatura y el arte y que su inmensa vocación no la ha abandonado en ningún momento de su carrera. Ella, que se siente más escritora que presentadora, no sabe cuándo le tocará volver a ejercer de nuevo la profesión o siquiera si retomará su actividad ante las cámaras, aunque sigue en las ondas con EFE radio y un programa precisamente sobre literatura, cine, arte y música, que según la autora: “me hace especialmente feliz”.

Con una organización impecable del tándem Planeta-AXA, pudimos ver un salón abarrotado de admiradores y amigos como Carmen Posadas, Fernando Marías, Nativel Preciado o Carlos Sanz, que querían, como todos nosotros, compartir con Marta ese momento cúspide por el cual, el premio de novela Fernando Lara, galardona una brillante carrera.

José Antonio Marina, que conoce a la autora desde hace años y la califica como una periodista implacable e incisiva, bromea con haber sido el “descubridor” de una Marta en calcetines, ya que lleva escribiendo desde el año 91 y publicadas 9 obras entre ficción y no ficción.

Esta novela, con una sólida estructura, destila vocación literaria y contiene según palabras de José Antonio Marina los ingredientes para llegar a ser un best-seller, pues integra con maestría las características necesarias para ser obra maestra: sexo, intriga, aristocracia y un toque mágico que le da personalidad.

El mundo literario siempre se ha mirado en los espejos.

Brillante es la intervención de Jean Paul Rignault, consejero delegado de AXA y presidente de la Fundación Lara, que trae a consecuencia de la importancia que los espejos tienen en la ensoñación, la siguiente reflexión, citando a Valle Inclán o la misma Alice in wonderland: “el mundo literario siempre se ha mirado en los espejos, siendo los espejos el hilo conductor de muchas historias que, basadas en sus propios reflejos, no han sabido mostrar la realidad.”

José Antonio Marina conversa animadamente con Marta Robles durante esta presentación en la que se recrea el arte del diálogo de las grandes figuras y ahora, ante nuestros ojos, simulan la vida de las dos Luisas protagonistas de esta obra, que es como una venganza veneciana: sutil y elegante. La novela es la yuxtaposición de dos mundos tan interesantes como es la vida de Luisa Casati, protagonista con la personalidad a la moda de los años 20 y los excesos que la Belle Époque permitía a los ricos, que cuanto más dinero tenían, mejor se podían mover en una sociedad abierta a las excentricidades y a las novedades imposibles, en clara familiaridad con la modernidad de la actual protagonista, Luisa Aldazábal, una mujer del siglo XXI que tras despertarse de un coma que la mantuvo 20 años dormida, quiere vivir con esa misma intensidad, quiere empezar desde la mediana edad a mirar la vida, abandonando un matrimonio sin pasión y recuperando su entusiasmo por el amor y el arte.

En la distancia, todo se agranda, hasta el deseo.

Luisa Casati es una seductora y es en esta faceta donde una obra siempre tiene una parte autobiográfica del autor. Lo que hace a una persona ser seductora, para Jose Antonio Marina “eso es un misterio de la raza humana” pero Marta Robles recapitula en su protagonista de carne y hueso Luisa Casati, la cual mantiene una tórrida y muy dudosa relación de sexo, pasión, arte y desenfreno con el escritor Gabriel D’Annunzio, que se convierte en cazador cazado y Luisa en su alumna aventajada y con él, practica el arte intenso de la seducción en parte basado en la incertidumbre de del que Gabriel es preso, ya que no podía saber nunca qué va a pasar el día después, porque Luisa siempre dejaba esa marca inconfundible… y cuando le preguntaba Gabriel por el ¿mañana nos vemos?, ella siempre decía: primero que si, después que no y luego que no sé ó que ya veremos… Y de esta manera “marcas distancias porque después, en la distancia, todo se agranda, hasta el deseo.”

En esta novela histórica la autora ha tratado de recoger el día a día de la marquesa Casati y en orden cronológico, los hechos más relevantes de toda una vida rodeada de magia; y le añade a estos hechos extravagantes, sus propias reflexiones sobre la lealtad, la fidelidad y las relaciones humanas planteadas en la existencia de la Luisa Aldazábal del Siglo XXI.

Luisa Aldazábal es el personaje que va creciendo en intensidad y ambas tienen en común la preocupación por el arte, el ímpetu de vivir; Luisa escondida en un matrimonio feliz, con una vida convencional y cómoda se ve arrastrada por Casati y recupera la pasión amorosa y la pasión por vivir y parece que hay momentos en la obra en la que Casati quiere poseer a esta Luisa, pero Aldazábal no se deja y le dice a la marquesa que ella tiene su propia personalidad.

Preguntada la autora, en qué momento se le ocurre el final de su obra, nos contesta Marta Robles que “sobre la marcha; me sorprendió hasta a mí. Es una novela que empieza potente y crece mucho, en una época de futurismo, donde las personas vivían con enorme velocidad. Tiene gran documentación artística y también mucha intriga; no es súper erótica, tiene su punto. ”

“A partir de ahora marquesa Casati, entre nosotros, sólo cabe la indecencia”

Y una de las frases que nos lee la autora, versa sobre el personaje masculino Gabriel D’Annunzio (sobre el cual habría mucho que escribir y que estudiar nos comenta Marta), cuando, autoproclamado “Príncipe de la Indecencia” y con el que Luisa años veinte aprende a disfrutar del exceso, le dice: “a partir de ahora, marquesa Casati, entre nosotros, sólo cabe la indecencia” y esto lo dice Gabriel, un hombre de 1,64 cuando Luisa media 1,82 y poseía un cuerpo escultural y unos espléndidos ojos verdes; él además era calvo, aunque los calvos para Marta Robles “tienen su punto”; así este príncipe de la decadencia, al que incluso Mussolini aborrecía porque le tenía celos e incluso se dice que intentó matarle, reconoce “ninguna mujer me había deslumbrado tanto como Luisa Casati.”

Mucha magia en la novela, muchos forofos de las bolas de cristal.

José Antonio Marina cierra esta tarde en la que un velo mágico emerge y lo vuelve todo, diciendo: “los seductores me interesáis mucho; nunca se entregan a nadie, mantienen la lejanía. Recuperar la biografía de Gabriel D’Annunzio más allá de las connotaciones políticas sería el colofón, pero nada comparable a lo que va a ser conocer a Marta Robles, como la gran novelista que es.”

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