Es inexplicable que una persona mate a otras siete y más aún si son de su familia; sin embargo, en EEUU se producen muchos casos parecidos, derivados del mismo ataque de ira que a unos les hace decir “mecachis” y a otros liarse a tiros. Está claro que son las personas violentas quienes suelen convertir las discusiones en tragedias, pero hasta las no lo son corren ese riesgo si hay un arma de por medio. El abuelo protagonista de esta historia sangrienta, años atrás había estado en la cárcel tras matar en un accidente de caza a uno de sus hijos, de 8 años; pero ni la desgracia le quitó las ganas de jugar con armas. ¿Qué hubiese ocurrido tras esa última discusión, que concluyó con su propia muerte tras la de su hija y sus nietos, si no hubiera tenido un rifle? Es difícil saberlo, pero cabe la posibilidad de que todos estuvieran vivos. En EEUU más de 7.000 niños son hospitalizados por lesiones de armas cada año –un tercio son accidentales-y quinientos de ellos mueren. ¿No debería un dato suficiente como para que se aumentara el control? Pues pese a los intentos de Obama y al respaldo -según las encuestas- del 90 por ciento de la población, no solo no se hace sino que se impide a los médicos preguntar a sus pacientes si disponen de ellas bajo multa de 10.000 dólares e incluso retirada de la licencia médica. Es la influencia de la Asociación Nacional del Rifle que aprueba que más de 200 millones de armas se repartan entre los 310 millones de habitantes del país, por más que sepa que, con armas, matar siempre es más fácil.

La Razón

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