Mientras se empieza a controlar el desplazamiento de informadores a los países en los que más mata el ébola, tras el contagio del cámara estadounidense de la NBC, los cada vez más numerosos afectados por la enfermedad en tales lugares, buscan toda suerte de artimañas para escaparse de su fatal destino. Es natural. ¿Acaso alguien querría quedarse en Liberia sin cama ni esperanza, sabiendo que, tal vez cruzando la frontera, pudiera caber alguna posibilidad de salvación? Los infectados, aterrados ante la muerte de tantos enfermos entre los que se cuentan sus cercanos, solos y desesperados, acaban de descubrir que el ibuprofeno enmascara los síntomas lo suficiente como para poder saltarse los controles de seguridad.. Saben que el tiempo está en su contra y que, por el camino, en el que ocultan su mal, pueden contagiar a quien pase por su lado si no observan las pertinentes medidas higiénicas; pero el miedo les ha vuelto egoístas y solo piensan en sobrevivir. No se puede condenar su actuación, por más conduzca, sin remedio, al caos. De momento, el pánico ha llegado hasta Texas ,donde el vómito del único enfermo de ébola, descubierto en un edificio de apartamentos –el vómito es fuente directa de contagio- ha llevado a poner en cuarentena a su familia. Se sabe que el contagio solo se produce cuando ya han aparecido los síntomas y que el aire no es transmisor del virus -solo los fluidos -, pero eso no basta para que el miedo no se ramifique y genere la misma psicosis que en África, donde ya ha matado a unas 3.300 personas en lo que va de año y donde ya se empiezan a contar hasta historias de zombies…

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