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El final de la «operación Puerto» no ha satisfecho a nadie. Los mencionados de pasada por Eufemiano Fuentes se han quedado con la sospecha de la infamia. Él ha sido condenado a un año de cárcel, que naturalmente no cumplirá, y a cuatro de inhabilitación, pero sólo en medicina deportiva. Sus «secuaces» o han resultado absueltos o ligeramente mancillados por unas condenas absurdas, de cuatro meses, que ya se sabe que, sin antecedentes penales, sirven para poco. Después de siete años de instrucción y tres meses de juicio, la primera gran operación antidopaje en España ha quedado en nada.

Es cierto que ha habido una condena para los que facilitan sustancias dopantes, pero también lo es que teniendo en cuenta que los que se dopan se han ido tan de rositas como para que no se conozcan ni sus nombres, ¿quién va a tener miedo a seguir dopándose? Encontrar a quien proporcione la «mercancía» ya se sabe que sólo es cuestión de lo que se pague por ella…

Los observadores internacionales han hablado de tibieza, y viendo las condenas tras saber que había un centenar de deportistas implicados, parece que se han quedado cortos. No se entiende por qué la jueza ha ordenado destruir las 212 bolsas de sangre incautadas, que servirían parA identificar a los culpables, y por qué ha decidido imponer penas ridículas. Lo que está claro es que su actuación no beneficia ni a la Justicia ni al deporte español y que, como ha dicho Nadal, la resolución sólo ha sido positiva para los que hacen trampas.

La Razón

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